NUESTRAS COMUNIDADES

Encharcazón

Encharcazón

 

 

Encharcazón no es un nombre común, tampoco es usual conocer donde queda, y a quienes viven allí. Este es un corregimiento del municipio de Rio Iró, ubicado en el departamento del Chocó. Aquí los chocoanos no tienen mucho, pero tampoco se quejan de la falta de dinero, alimento y condiciones de vida. Al contrario, la gran mayoría de ellos agradece a la vida, al monte, a Dios, y a sus demás compañeros porque en medio de tanta pobreza, ellos son felices.

Cuando viajamos a Encharcazón pudimos conocer a Carmen: amante de sembrar plantas en su casa, a Edgar: amante del Bosque y del bienestar de los demás, a Zulma: profesora de niños pequeños y guardiana de los futuros representantes del Chocó, a Jose Alejandro: un docente de profesión, quien por el desempleo la guerrea todos los días haciendo oficios varios, y a Nelly: la dueña de la mejor tienda del pueblo y chef de las arepas más deliciosas de la comunidad.

Nuestros cinco chocoanos tienen dos cosas en común. La primera es que son víctimas de la guerra en Colombia. Todos ellos vivían en lugares cercanos a este corregimiento, pero terminaron poblando este recóndito lugar del mundo debido al desplazamiento forzado por parte de grupos armados. Todos debieron despedirse de la buena vida que llevaban en sus fincas subsistiendo de la agricultura y el campo, para empezar de cero en un pueblito de pocos recursos pero lleno de gente amable, caras sonrientes, paisajes acogedores.

La segunda cosa que los une es que ellos saben, que ante tanta pobreza, la naturaleza es su más preciado recurso. Sin embargo se han visto afectados por la minería y el mal tratamiento de las basuras. Hoy en día son conscientes de que su mejor labor es la reforestación. A todos les encanta salir a caminar las montañas, y pensar en que pronto esos espacios estarán llenos de manos colaborativas sembrando árboles con Bosques de Paz. A los ojos de nuestros cinco chocoanos este proyecto es la posibilidad de mejorar las condiciones económicas de su municipio, dar un paso adelante por la reconciliación con el pasado, y continuar viviendo en la felicidad, pero más alejados de la pobreza.

Esta comunidad fue victima de:

 

Conoce a sus víctimas

BellaVista

BellaVista

 

 

La historia de Bojayá es conocida para la mayoría de todos los colombianos. El antiguo Bellavista, es casi un pueblo fantasma, con rezagos de lo que dejó el cilindro bomba lanzado durante el enfrentamiento entre las AUC y las FARC, al caer sobre la iglesia que refugiaba a una gran parte de la población el 2 de mayo del 2002. La iglesia, algunas casas, un colegio, unas canchas. Todos estos espacios están siendo consumidos por la selva, desapareciendo entre el abandono y la fuerza de la naturaleza. Ante las condiciones, se construyó La Nueva Bellavista. Como su nombre lo indica, es un nuevo pueblo lleno de esperanzas y gente dolida por el conflicto, pero con todo el ánimo para salir adelante. Nosotros nos atrevimos a viajar a este lugar, hablar con las víctimas, conocer a su gente, y crear con ellos un proyecto de reforestación y sostenibilidad.

Entre las personas que pudimos conocer en Bojayá estuvieron Bernardina y Elizabeth, madre e hija. Ellas fueron quienes nos llevaron a ver las edificaciones de concreto cubiertas por musgo como indicio del paso del tiempo, y fueron quienes nos cantaron versos llenos de esperanza: “Vamos a sacar al Chocó adelante” o “Yo le canto a mi tierra con amor pues la llevo en el corazón”. Ambas sobreviven en esta región, y nos dejaron con un claro mensaje de reconciliación “Ya hemos perdonado”. A parte de estas dos chocoanas, pudimos conocer a dos hombres dedicados a la agricultura.

Arnobio tiene una pequeña isla en el Río Atrato, y en ella cultiva piña, y alguna que otra fruta de temporada. Pero su mayor pasión es la pesca. Se siente feliz navegando el río, con sus amigos, sintiendo la brisa, y sobreviviendo de lo que la tierra le brinda. De la naturaleza también vive Manuel, quien se aleja un poco del río para adentrarse en las montañas. Manuel es un agricultor de corazón, siembra piña, borojó, arroz, y vive feliz con sus siete hijos y su esposa en una casita del pueblo. Todos ellos aprendieron a ser felices a pesar de haber perdido amigos, alumnos, y familiares en el ataque de hace más de una década, y hoy en día agradecen a Dios por la vida y ruegan a él por un país en Paz.

Esta comunidad fue victima de:

 

Conoce a sus víctimas

Mitú

Mitú

 

 

Los habitantes de Mitú tienen una gran fortuna, su hogar hace parte de la Amazonía, el lugar con más biodiversidad del mundo. Y en los alrededores de la capital del Vaupés, más adentro en la selva, se encuentra un lugar mágico, en donde la naturaleza permanece verde, húmeda, fresca. Donde no existe el smog, ni centros comerciales, ni avisos publicitarios, ni ruido de carros. Es un lugar donde lo que prima es el sonido del agua, la brisa, los árboles. Un lugar en donde la vida consiste en convivir con la naturaleza, cuidándola y a la vez sobreviviendo de ella. Una perfecta armonía entre la selva y sus guardianes, los indígenas.

Es en el Gran Resguardo Indígena del Vaupés donde existen varias comunidades como la Timbó, Tayazú, y Santa Cruz, entre otras. También hay 27 etnias indígenas en el departamento, como la Cubeo, Wanano, y Tukano. Es con ellos, con los indígenas de la Amazonía, con quienes hicimos una alianza para reforestar el Amazonas, y por medio de la siembra de árboles frutales y maderables, garantizar un futuro para estas comunidades. Lo que aprendimos conociendo el Vaupés es que los términos como riqueza y pobreza son completamente subjetivos. El Vaupés es el departamento más abandonado de Colombia, dada su lejanía es difícil el acceso, por eso en términos alimentarios su nutrición se basa en yuca, plátano y sopa de pescado. Hay una alta tasa de desnutrición en los niños, y en general sus condiciones de vida son precarias desde el punto de vista de los que hablamos desde la capital. Sin embargo, para ellos la pobreza no existe, no en los términos como la entendemos nosotros. Los indígenas de estas comunidades se consideran ricos, felices, y viven tranquilos con lo que la selva les brinda.

Julián, Guillermo y Benedicto son Cubeos amantes de la naturaleza. Todos los días se despiertan bien temprano con una sonrisa, salen a cuidar sus árboles y a trabajar en la chagra (la chagra es el el nombre que recibe el cultivo, o la huerta indígena). Ellos disfrutan estar entre la selva respirando su aire puro, y bañándose en los caños que tienen una temperatura perfecta para bajar el calor durante el verano. Maria Nelly es una mujer Wanana líder de una asociación de mujeres indígenas. Ella lucha día a día para que las mujeres tengan voz y voto dentro de las decisiones de la comunidad. También madruga, sobre todo para preparar los alimentos del día y velar por el cuidado de su finca y su familia.

Fustino es un indígena que te deja sin palabras con sólo escucharlo, tan sólo el saber que su sueño es escribir un libro donde se narren las memorias de su etnia, te deja pensando en lo valioso que es cuidar esta región, sus tierras, su pureza y sus habitantes. Ellos son ejemplo de que la vida es buena en medio de la sencillez. De que manteniendo una relación de respeto por la naturaleza se puede vivir tranquilamente, y ser feliz. Ellos son la motivación para que este proyecto salga adelante y para que ellos puedan tener una mejor calidad de vida sin dejar de lado sus costumbres y su amor por la selva.

Esta comunidad fue victima de:

 

Conoce a sus víctimas

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